A Ana
Para Ana
Si
pudiera tan solo saber por un instante lo que tú piensas, si tan solo esa
oportunidad de alguna manera se me diera… yo creo que por lo general las
palabras son todo un capricho, desvalorándolas, sobrevalorándolas, avalorándolas, te quiero, te amo, te
extraño, te sueño y te guardo, ya tan gastado y no se llega a nada, ¿cómo
expresarle, Ana, todo aquello que por largo rato me anda revoloteando por muy dentro? Y ahí está, sentada, y seguramente no
se percata que tan cerca de usted alguien como yo la piensa, y la crea de
tantas y múltiples formas… Soy un cursi, Ana, lo sé, estoy consciente de eso, y
no lo aparento, no me gusta, no me gusta que sepan y crean que yo la veo junto
a mí en la cocina con unos cuantos niños jugando en la sala, mientras usted y
yo platicamos de las facturas de luz, las del cable y del agua. De Sebastián,
porque sí, Ana, hasta he pensado en nombres para los niños, el mayor Sebastián
y la más pequeña Estela, y hablamos de Sebastián porque le ha pegado en la cara
al niño que lo molestaba en el colegio, y usted me regaña porque fui yo quien
le enseñó a golpear, a cerrar la mano en puño y soltar manotazos con la nariz
como objetivo principal. Los niños no nacen violentos, se hacen violentos por
culpa de los padres, por eso tanta guerra y conflicto en el mundo y me lo
reprochas, y qué pasa con las facturas, ya tres meses de deuda de luz, dos de
cable y cinco de agua, me sorprende que aún nos sigamos bañando. Estúpido libro
mío que no se vende, que nadie desea publicar, aun si te gusta tanto, aun si
está dedicado a ti, estúpido al creer que se podía vivir de escritor, y
comenzarías a llorar, mi padre tenía razón, las caricias y los besos no pagarán
el préstamo. Y Sebastián tomaría en brazos a Estela y la llevaría a jugar a su
cuarto, la besaría en la cabecita, vamos, Estelita, todo va a estar bien, a un
lado del listón rosa que le colocamos en la cabeza para que supieran que es una
niña en caso de obviar los aretes. Tú lo observarías y sabrías que no lo hemos
hecho mal. Sebastián es un buen niño, bueno, tal vez ese otro niño estúpido se
lo merecía, pero las facturas, por Dios, qué vamos a hacer, la luz y el agua,
el cable importa un carajo, llorarías y me abrazarías, Ana, tal vez, quién
sabe, o me golpearías para desahogar todo tu enojo. Sebastián entraría y
pediría perdón con la cabeza agachada, nos pediría que no peleáramos por su
culpa, que no lo volverá a hacer. Todo bien, Sebastián, gracias por tus
disculpas, ¿podrías ir a cuidar a tu hermanita, por favor? Ya vamos a terminar
de conversar tu mami y yo. Daría media vuelta y regresaría con Estela. ¿Cómo
que ya vamos a terminar de conversar? Si tan solo yo tuviera aún mi trabajo, ya
conseguiré otro, pero mientras tanto, por Dios, carajo, las facturas, las
facturas, Mario… Ana, mi amor, ya pagué las deudas, hoy me compraron el libro
en una editorial y con el adelanto fui al banco, sí, que ideal todo, solo me
divierte cuando te enojás, y me golpearías aun más los brazos, manotazos al
pecho, entre lágrimas y sonrisas, intentos de abrazos, Mario estúpido, ¿por qué
bromeas con esto? eres un idiota. Te tomaría, Ana, tal vez las caricias y los
besos no pagan el préstamo, pero sí lo textos que nacen de las caricias y los
besos, tus besos. Llamaríamos a Sebastián. Sebastián, traé a tu hermana, vamos
a ir por unas pizzas... y tal vez por un helado. Pero cómo sabrías tú todo
esto, allá, tan lejana de mí en diversas formas, tan un mundo aparte, tan otro
universo ese escritorio que siempre tomas con tus frecuentes llegadas tarde a clase,
protegido con la barrera interplanetaria que son tus amigas, y sonríes y te
guardas, si tan solo pudiera saber por un momento todo aquello que tú piensas.
Estudios
han revelado desde hace algún tiempo que la actividad neurocerebral produce
ciertos impulsos eléctricos (además de otros de carácter químico) que son los
que maneja el cuerpo para poder mandar o recibir órdenes; en pocas palabras, es
su código para mandar mensajes, por lo que algunos personajes de la comunidad
científica especializados en neurociencia no consideran descabellado que tales
impulsos eléctricos y químicos produzcan ondas capaces de viajar a través del
espacio, y que es cuestión de encontrar un receptor que descodifique los
impulsos para entender el mensaje, y qué mejor receptor que aquel que es capaz
de producirlos.
Con
un aire triste te mostrabas, sin saber si era yo el único que lo creía para
tener una excusa para salvarte, porque Ana, claramente me gusta creer que salvo
a las personas. Pero tú seguramente no estas prestando atención a la clase, sí,
claro, mielina, pares craneales, la neurona, tan importante la neurona, qué
sería de nosotros sin la sinapsis, pero, Ana, en qué parte del mundo tu mente
se encontraba, qué piensas para estar tan lejana de todo esto y yo que me
aferro por ser prácticamente el único lugar donde te encuentro. Malditos
sueños, maldito yo al imaginar despierto, tan real y nunca tú del otro lado de
las calles, sobre los balcones, en las bancas de estación esperando la
camioneta, al menos ahora en este preciso instante estoy seguro de que te
encuentras a unos cuantos pasos. Voltea, voltea, por Dios, qué piensas que no
te permite observar a este alguien que te crea… y sentí la tristeza, el
resguardo, la inseguridad que me era ajena. Me sentí en ese momento solo, como
quién reconoce el limitado espacio en que alguien más se encuentra con el temor
de ser uno mismo quien se observa. Pero eras tú, definitivamente tú, y una
amplia casa, unas cuantas personas, las desconocía a cada una de ellas, pero
las destacaba con algún nombre: padre, la mayor Karla, mi gemela Diana, hermano
Luigi, el nene Esteban, hijo de Karla. Sentía un vacío, a mi mente solo llegaba
extraño a madre, y la buscaba sin
saber cómo era, de qué forma sería, si estaba viva o muerta, si deseaba verme o
me evitaba. Está viva, desea verme, solo se separó de padre, cuanto dolor,
cuanto dolor aquí en mi pecho e imágenes de mejores días. Mis manos se
volvieron blancas y delgadas de claro carácter femenino, y corría dentro de un
vestido blanco con puntos rojos. Aquella otra niña ha de ser Diana, se parece
tanto a mí y tiene por lo que veo el mismo vestido. Aquel otro ha de ser Luigi,
con sus carros sentado en la sala. Karla ayuda en la cocina a padre y de las
gradas baja alguien… es bella, sonriente, recorre la sala y entra a la cocina,
bromea con Karla y besa en los labios a padre, ha de ser madre, sí, madre, y
llega la sensación de plenitud en el espacio vacío que me dolía tanto a la
altura del pecho. Pero madre se difumina, desaparece y aquellos personajes
dentro del contexto se hacen más viejos, hay maletas en la puerta, y yo con mis
manos blancas sentado en el sillón junto a Diana y Luigi, Karla no está, está encerrada
en su cuarto, primero Ernesto que era su novio se va, ahora madre. Madre nos
besa a Luigi, a Diana y a mí en ese orden, todo va a estar bien, no, nada
estuvo bien después de eso, se aleja, toma las maletas y se va, se va madre.
Padre baja después, pero no deseo verlo, es demasiado, es su culpa, algo tuvo
que haber hecho para que madre se quedara… o se fuera. Y Karla que está
embarazada, ya es grande, pero está embarazada y no cuenta con Ernesto,
estúpido Ernesto, tanto que decía que la amaba y se va a la primera, poco
hombre, miedoso, niño de mami, imbécil, idiota, estúpido, maldito Ernesto,
tanto que te quería Karla y te vas, y la dejas con tu hijo, menos mal que
Esteban no se parece en nada a ti, es tan buen niño, te quiero tanto, Esteban,
mi Esteban, es como si fuera mío, es como mi hijo, lo quiero tanto. Esteban, no
vas a ser como tu padre si es que se le puede llamar así, si es que merece el
rango. ¿Acaso es todo eso en lo que tú piensas, Ana? ¿Es por eso que te guardas
tanto de los otros, tan lejana? Al menos Diana tiene su novio, Karla también
sale con alguien, yo no lo necesito, no lo deseo, aunque… no, mejor no, no sé
si podría sobrevivir a algo como lo que vivió Karla, para qué, para separarnos
con los años como lo hicieron madre y padre, no, no podría, mejor sola, mejor
estar sola, aunque…
-
Señorita Ana, ¿sabe
usted el nombre de algún neurotransmisor?
-
Disculpe, ¿cómo
dijo?
-
¿Está en clase,
licenciada, o tal vez debería de salir? Ha estado viendo la ventana durante
todo mi periodo (Dopamina, dopamina, decí dopamina, serotonina, GABA,
acetilcolina) y yo no estoy aquí para...
-
Dopamina.
-
¿Cómo dijo?
-
Dopamina, doctor,
la dopamina, la serotonina, GABA, acetilcolina…
-
Muy bien… muy bien,
licenciada. La licenciada mencionó el GABA, ¿alguien sabe lo que significa…?
La
imaginé tomando su mano, abrazándola. Tan maldito yo imaginándola despierto,
tan maldito todo esto de creer tenerla y que fuera solo en sueños. De alguna
manera el mensaje llegó porque vi la forma en que apretó su mano. Sentí la
seguridad, la leve y frágil seguridad y calor de la compañía que me era ajena.
Tal vez algo como esto no volvería a pasar, ni supiera que fui yo quien en otro
plano la abrazaba, pero quedaría la sensación de que alguien la acompaña. Tan
posible que fuera creación suya, tan anhelo mío, tan fuera de lo ordinario, tan
dentro de lo cotidiano y real, al final, qué importaba… si era mi mano sobre la
suya.
2,016
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