Toc-toc

Para Calabacín



Gabriela está furiosa y, la verdad, es lo de menos. Ella no entiende muchas cosas y está bien, yo tampoco la entiendo, pero existe de mi parte un esfuerzo. “Tonto”, “Sí”, “Estúpido”, “Está bien”, “Eres un maldito idiota y te detesto”, “Hacés tan bien con eso, ¿podrías avisarme cuando llegués a la parte donde te cuestionás un poco si en realidad no eres tú quien se considera tonta, estúpida y una maldita idiota por estar conmigo?”. Y la mujer se encabrona mucho más, es tan solo el verla mutar para encontrarle cierto gusto que estimula la continuidad de lo que ella denomina mi santa chingadera. Un término que, por supuesto, no me gusta por completo, porque todo aquello que se relaciona directa o indirectamente con alguna deidad, religión, creencia celestial o vida después de la muerte me incomoda. Pero si para ella emplear el calificativo de santo es para categorizarlo como algo fuera de este mundo, no tengo problemas. Y allá está, sentada, con sus brazos cruzados, piernas cerradas, juntando sus labios como lo relativo al pico de un pato, observando el ir y venir de los autos, mientras la ligera lluvia no deja de aportar mayor dramatismo a la escena.

Por supuesto observo la carretera, pero existen momentos que me dejan observarla de reojo, y es que cuando se enoja ese algo de ella me gusta más. Sabe que la observo y le gusta, y le gusta más hacerse rogar por lo que no me observa. “Gabriela…” y nada “Gabriela… Gabriela, toc-toc…” y aún su silencio. “Vamos, Gabriela, a ti te gustan estos chistes. Toc-toc…” y voltea más el rostro hacia la carretera, de su lado, fingiendo ver el retrovisor mientras una motocicleta negra avanza con su sujeto de capa de nailon azul y las gotas que saltan, creándole ese efecto de ir a mayor velocidad de la real.

Acerco mi mano, silenciosa y suavemente, en pleno vuelo surcando la palanca de cambios, parte del portavasos y allá, lejano, el freno de mano hasta llegar a su rodilla. La tomo y le gusta, sé que le gusta, aun cuando no voltea. Los cinco dedos que se juntan y se separan, en un repetir constante de movimiento sobre el hueso. “Vamos, Gabriela. Toc-toc…”. Su rostro ya se encuentra un poco más al frente, de mi lado, aunque sus brazos continúan cruzados y sus piernas cerradas, con su boca que parece cada vez más a la de un pato. Entonces sé que debo de extender el juego, por lo poco que en realidad conozco a Gabriela.

Con la palma subo, tomando la mayor cantidad de muslo que me es físicamente capaz de poseer. La mueve un poco, en movimiento rápido, pero yo mantengo mi ritmo y despacio la vuelvo a tener, al menos esa extensión de muslo. El dorso de mi mano llega a hacer contacto con parte de su abdomen y le digo “Gabriela” al mismo tiempo que salen las palabras aprieto con mi mano “Toc-toc”, en una sincronización sonora y física. Y voltea, y me observa, y me ve con esa furia, con esos ojos negros plenamente encabronados, tomándome fuertemente y apartando mi brazo.

“Qué bien, qué sexy, muy bien. Pero ahora con más furia” y con suavidad la vuelvo a tomar, solo que ahora del brazo, con ese ritmo, con ese tacto. Específicamente el antebrazo, sincronizando el toc-toc con cada uno de los aprietos que hago con la totalidad de la mano. Subiendo “Toc-toc” llegando “Gabriela” hasta “Toc” su “Toc” hombro “Uno” y luego “Dos” con el índice “Tres” y el pulgar “Cuatro” alcanzar con esa misma suavidad “Cinco” el cuello. Justo en su lado izquierdo, con el resto de mi mano descansando sobre su clavícula, la acomodo sobre el hueso, como perro pequeño jugando con sus hermanos, con la seguridad de estudiante de medicina de último año tomando el pulso. Primero contrae la cabeza hacia ese mismo lado, luego sonríe, se ríe, cerrando sus ojos, abriendo sus brazos, estirando sus piernas y gritando, hasta que dentro de la inocente pelea lucha por librarse de la cómica batalla. Pero no lo logra, “¿Todo bien, Gabriela?”, “Tonto”, “Solo una vez y te suelto. Toc -toc”, “¡Estúpido, idiota, imbécil!” todo eso envuelto en su dulce risa. “¡Bueno, bueno! ¡¿Quién es?!”, “¿Ah?!” y aprieto un poco más y más se ríe, “¿Qué dijiste?”, “¡Estúpido! ¡¿Quién es?!”, “¿Quién es quién? Yo no he dicho nada”, “¡Imbécil, ya, ya! ¡Te odio, te odio tanto! ¡Decilo! ¡Decilo!”, “¿Qué cosa?”, “¡Toc-toc! ¡Toc-toc!” y mete algunos manotazos que no dan con ninguno de los blancos. “Va, va. Gabriela… Toc- toc”, “¡¿Quién es?! ¡Ya! ¡Ya! ¡¿Quién es?!”, “Tea”, “¡¿Tea quién, maldito estúpido?!”, “¡Qué ofensivo!”, “¡¿Tea quién?! ¡¿TEA QUIÉN?! ¡YA! ¡YA…!” y la suelto.

Coloco esa misma mano en el volante con el plan de seguir manejando. Ella vuelve a su misma expresión de antes, con la particularidad de estar más marcado, algo que logro observar justo antes de que me dé toda la espalda. Baja el vidrio y coloca su cabeza sobre sus brazos en el borde de la ventana. Y se mantiene un silencio, más allá del sonido propio del andar en carretera, con los autos y motocicletas que rebasan, la lluvia que ha pasado y de lo que solo queda un asfalto empapado. Ella no se voltea, pero le logro escuchar luego de cierto tiempo:

  • ¿Tea quién, bastardo?

  • Te amo, boba… Te amo tanto.

Eventualmente ella voltea, aún con ciertos rasgos de la expresión, observando al frente, con su boca de pato, sus piernas cerradas, pero su mano al alcance como para tomarla. Creo que es lo ideal, puesto que antes que volteara vi una sonrisa en el retrovisor.



Sé que lo menos que puedo darte son certezas
Lo sé
Candela en medio de la noche
Cerveza en día perdido
Cigarro bajo el cielo nublado
Con los pies empapados 
Y los muslos fríos


Eso que vale tan poco en el mercado
Pero que se siente tan mío
Tan propio
Y sé que debería dártelo
Porque lo pides
Lo exiges
A gritos


Con esas manos que se enganchan a mi brazo
Con ese rostro que duerme por momentos sobre mi hombro 
Con esos ojos que me observan 
Con toda su noche
Con todo su brillo


Porque
Gota de lluvia 
Quetzal en el bolsillo
Hay gente que aún lo hace
Que sueña ríe y se pasea 
Con la certeza de que todo aquello que desea
Se cumple


Paseo familiar donde la llanta no explota
Fiesta de navidad donde la abuela no muere
Reunión de cumpleaños donde tú sí llegas


Y sé que debería dártelo
Que es tuyo
Pero no lo tengo
Al menos no completo
Y tú no mereces cosas a medias 
Ni de poco valor en el mercado


¿Cuánto vale un hombre roto
Si es que al menos vale algo?



2018

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